La semana pasada fuimos a inaugurar un colegio al que dimos todas las sillas escolares y muebles de esta naturaleza, para cubrir aquella gigantesca escuela que cuenta, en primera instancia, con una cantidad de al menos 1,500 alumnos.

La razón por la que nos interesamos por esta escuela y por la que decidimos donar todo este mobiliario escolar es debido a que nunca, en nuestros 20 años de experiencia, habíamos tenido la oportunidad de conocer a una escuela en nuestra nación con los principios e ideales de este nuevo instituto, que me parece poder sembrar las semillas del cambio radical que necesita para encontrar las llaves del progreso.

En general, el sistema educativo en México es uno de pésima calidad, ya que desgraciadamente está conformado por maestros cuya preparación es nula y cuya responsabilidad es mayúscula, ya que en sus manos se encuentra nada menos y nada más que las mentes y el desarrollo de nuestros niños, quienes a su vez serán el rostro de nuestro país cuando nosotros seamos inútiles para la patria.

Debo decir que aunque la mayoría de los maestros encargados de nuestros niños no cuentan con ningún tipo de preparación, son personas cuyo absoluto interés se encuentra en el desarrollo de sus estudiantes, por lo que todos los ciudadanos de este país tenemos que estar agradecidos ante todas esas personas quienes pese a tener un sueldo bajo los estándares de la supervivencia, siguen adelante todos los días.

Este instituto abrió un centro de capacitación gratuito para maestros de primaria, secundaria y preparatoria, quienes al finalizar su capacitación encontrarán empleo en alguno de los muchos institutos que abrirán por todo el país, dando una vida digna y motivación a aquellos quienes cultivan la mente de nuestros niños.

En cuanto a  escuelas  se refiere, nuestro país está dividido de una manera radical, del mismo modo que su sociedad, en dos sectores cuya calidad es muy distinta, estos siendo el sector público y el privado.

En el sector público se paga poco (sin contar la compra de útiles) pero se recibe aún menos, convirtiendo a sus estudiantes, por lo general, en individuos intelectualmente muy pobres y con una motivación nula para cultivar un futuro.

En el sector privado las escuelas son carísimas y moderadamente buenas, con algunas excepciones de institutos excelentes.

El problema del sector privado educativo es que ahí se cultiva una gran prepotencia y soberbia en sus estudiantes algo que solo divide al país aun más.

Este instituto es excelente, económico y donde se promueve la igualdad entre todas las clases sociales, donde los méritos son la llave del éxito y la empatía para con todos su mayor virtud donde se cosecha el verdadero amor por el país y con la patria, entendiendo todos sus estudiantes que el futuro de nuestra nación y la felicidad de su pueblo se encuentra en cada uno de ellos.

Fue un verdadero honor ser partícipe de algo así.

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