Hasta los viajeros más entusiastas han llegado a pasar por situaciones que, al menos de manera temporal, los hacen desear que nunca hubieran salido de casa. Perder vuelos, extraviar documentos importantes, no encontrar dónde alojarse o el extremo de sufrir percances o accidentes son eventos que desaniman al más optimista y provocan que algunas personas tarden mucho tiempo en volver a salir de sus lugares de origen.

La posibilidad de que imprevistos como los anteriores ocurran durante un viaje también desalienta a las familias con bebés o niños muy pequeños y les hace evitar cualquier salida que implique pasar una noche fuera de casa. Es cierto que viajar con niños es de por sí complicado y que si algún problema ocurriera durante el viaje, la situación podría tornarse verdaderamente caótica. No obstante, si se quedan en casa por temor a lo que podría pasar, también estarán privando a sus pequeños de importantes beneficios.

Estos son algunos de ellos:

Adaptación a los cambios

Algunos papás dudan de viajar con sus bebés pues piensan que, a fin de cuentas, un niño de menos de tres años no es muy consciente de los cambios y no recordará si pasó el verano en uno de los hoteles de Acapulco todo incluido o en casa de los abuelos. Esto último es cierto; nadie tiene recuerdos precisos del viaje que hizo a los dos años, salvo por las fotos. Pero los bebés sí tienen consciencia de los cambios en su entorno y aunque años más tarde no recuerden su primera vez en la playa, sí habrán interiorizado la experiencia de un cambio de ambiente y entorno. Esa interiorización les permitirá adaptarse a cambios posteriores, desde otros viajes hasta una mudanza o el primer día de clases.

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Desarrollo de habilidades sensoriales

Al estar lejos de casa, sea en otra ciudad o en otro país, el bebé escuchará nuevos sonidos, verá otros paisajes, percibirá nuevos aromas y tendrá otras sensaciones. Todo esto es sumamente importante para el desarrollo de sus sentidos, así como el de las funciones celebrarles que ayudan a procesar dicha información. De nueva cuenta, aunque el pequeño no recuerde la primera vez que sintió la brisa del mar, esa sensación se quedará con él y activará conexiones que le ayudarán a disfrutar más sus futuras visitas.

Socialización

El viaje también implicará que el bebé se relacione con otras personas, aunque sólo sea mientras está rodeado por otros viajeros en una sala de espera o en el restaurante del hotel. Algunos padres temen que tales situaciones puedan “engentar” al bebé, pero también son oportunidades para que él aprenda a convivir con otras personas. Para evitar que el pequeño se agobie cuando hay mucha gente se pueden tomar medidas como evitar las temporadas altas, o ponerse de acuerdo con los miembros de la familia para que unos se encarguen de documentar el equipaje o estar al pendiente de la salida del vuelo y otros puedan pasear con el bebé.

Aprendizaje

El dicho de que los viajes ilustran es válido para cualquier edad. Es casi seguro que al final del viaje tu bebé habrá desarrollado una nueva habilidad; ya sea pasar más tiempo tranquilo en el restaurante, acostumbrarse a dormir en el coche o el avión, o hasta decir su primera palabra.